La importancia de las enzimas

¿Qué son las enzimas?

Las enzimas son unas moléculas orgánicas responsables de provocar la catalización de reacciones químicas en las células de nuestro organismo.

Son como aceleradores de la velocidad a la que se producen esas reacciones que nos permiten unas funciones vitales básicas para que nuestro cuerpo funcione adecuadamente, permitiendo:

  • Metabolizar los alimentos que ingerimos
  • Depurar los desechos tóxicos
  • Efectuar la correcta función celular

De ahí que las enzimas se consideren sustancias tan valiosas.

 

¿De dónde las obtenemos?

Por un lado, las obtenemos de los alimentos vivos. A través de su consumo obtenemos las enzimas digestivas, que son las necesarias para la degradación de los alimentos y además aportamos enzimas a las reservas del cuerpo.

Por otro lado, nuestro propio organismo genera también enzimas, las enzimas metabólicas, que posibilitan gran cantidad de procesos orgánicos básicos y fundamentales como son la depuración, la regeneración y la reparación.

 

¿Cómo afecta la cocción de los alimentos a las enzimas?

Las enzimas son sensibles a los procesos de cocción (son termosensibles), por lo que se destruyen con los procesos de cocción.

Cuando sometemos a cocción los alimentos, éstos dejan de aportarnos enzimas y obligamos al cuerpo a que use sus reservas enzimáticas para destinarlas a la digestión.

Si, por el contrario, consumimos los alimentos crudos (entendiendo como tales aquellos que no han superado en su proceso de cocinado una temperatura de 42º), aprovechamos al máximo su aporte enzimático y eso hace que ahorremos reservas enzimáticas, recuperemos la salud y vivamos mejor.

 

 

Evitando o minimizando la cocción de los alimentos, no sólo evitamos la destrucción enzimática sino que evitamos la destrucción de muchos tipos de vitaminas, y de los antioxidantes.

Es importante recordar aquí que los procesos de activación, germinación y fermentación de los alimentos producen un incremento exponencial del aporte de enzimas y vitaminas de los mismos.

Por el contrario, debemos tener en cuenta que los conservantes que contiene los alimentos industrializados y los procesados comerciales son inhibidores enzimáticos.

 

Mi consejo:

Preservar los nutrientes es básico para que nos aprovechemos de su función energética y vibracional. Si quieres más información sobre estas importantísimas funciones de los nutrientes haz click aquí.

Te animo a que incorpores alimentos vivos a tu dieta de forma habitual. No es necessário que toda tu dieta sea cruda, ni tan siquiera que toda tu dieta sea de origen vegetal, pero sí es muy muy conveniente que te olvides de los alimentos muertos y que introduzcas alimentos vivos sin cocción de forma habitual.

Si lo haces, tú mismo/a notarás los cambios beneficiosos que ello produce a tu organismo.

En  Cruditeka te doy muchas ideas para que te sea fácil al menos, intentarlo.

Ánimo! Y si te “enganchas” ya me contarás…!

 

 

 

Salicornia, el espárrago de mar

Fue un impulso. Uno de esos “impulsos verdes” que padezco de vez en cuando. Entré en el supermercado para hacer mi compra habitual. Como siempre, me detuve en el apartado de frutas y verduras. Y allí, en uno de sus estantes, había unas de esas bandejitas envueltas en papel film con esas raras hierbas verdes. Miré la etiqueta: “Salicornia”- decía. Jamás la había visto antes ni había oído hablar de ella. Ni tan sólo había leído sobre ella. Y no pude reprimir mi curiosidad y la compré. En valor absoluto no era cara, pues la bandejita costaba 1,95 euros (aunque, como su peso era de 100 gr.,  eso representa que el kilo cuesta 19,50 euros!). Y me arriesgué. Quería probarla y sobre todo, y antes que nada, saber qué era.

Literalmente el término “salicornia” significa “cuernos salados”, y se le conoce también como alacranera, hierba de San Juan, hierba salada o espárrago de mar.

Crece de forma salvaje en los márgenes de torrentes justo antes de llegar al mar, o en los márgenes de las marismas. A veces inundadas por aguas saladas.

Son carnosas, con una textura muy parecida al espárrago triguero, aunque mucho más tierna. Un sabor finísimo y con un ligero toque salado.

De sus semillas se extrae un aceite muy preciado tanto para fines cosméticos como culinarios.

Son ricas en aminoácidos (precursores de la proteína), hidratos de carbono, ácidos grasos insaturados (y por tanto saludables, beneficiosos para el corazón), vitaminas, y minerales (especialmente calcio, magnesio, sodio, yodo y potasio). En los roedores potencian positivamente y de forma muy significativa las células del sistema inmunológico. Todo apunta a posibles futuros usos terapéuticos de este vegetal.

Pueden consumirse en crudo, al vapor, ligeramente salteadas o fritas.

Opté por comer en crudo la mitad de la cantidad que había en la bandeja que adquirí, lavando y troceando la plantita en porciones de 1 cm y añadiéndola como ingrediente a una de mis ensaladas. La otra mitad, la horneé durante 5 minutos a 170 grados como acompañamiento o guarnición de uno de mis platos y recién salida del horno la salpimienté y la rocié con un chorrito de aceite de oliva virgen extra.

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Nos encantó!! Incluso al pequeño de la casa!. Tanto en crudo como cocida. Tiene un sabor muy agradable, fino y nada extravagante. No sé bien cómo definirlo, pero creo que el apodo de espárrago del mar es realmente acertado.

Sé que no es habitual encontrarlo en los supermercados, pero si como yo, tenéis la suerte de tropezaros con la salicornia, no dudéis en probar este fantástico vegetal que nos proporciona la naturaleza.

Besitos!!!